Hooligans y moda: de las Terrace a las pasarelas

Publicado por el 09/09/2017 en Artículos

Casual, terrace wear…Son muchas las etiquetas que se han intentado poner a esa zona gris que mezcla determinados movimientos estéticos que se dan de forma recurrente con la escena asociada a las gradas de fútbol, en concreto al Reino Unido, que podríamos llamar hooligans. Hoy, los estadios están llenos de gradas de animación, controles de seguridad y multas por tifos y cánticos, con lo que la fuerza de los movimiento ultra, sometidos a un claro escrutinio por parte de la opinión pública, ha ido en descenso. Curiosamente, no ha pasado lo mismo con su impacto en la moda mainstream global, en el que siempre ha sido una constante pero ahora lo es todavía más. Bien sea por la la globalización transmedia que viene de manos del nuevo paradigma digital, bien por la época de apropiamiento cultural en la que nos movemos, lo cierto es que lo casual está más de moda que nunca. Pero, ¿cómo hemos llegado a este punto en que un rapper canadiense lleva la chapa de Stone Island en el brazo?

Los 70 y 80 fueron, mundialmente pero de manera especial en EEUU y Reino Unido, momento álgido en la aparición y solidificación de culturas urbanas. Posibilitados a medio camino por el desarrollo de las industrias culturales, especialmente la musical, así como la crisis económico-energética y posterior desarrollo, así como los distintos movimientos migratorios dieron lugar a años en los que los jóvenes buscaban un sentimiento de pertenencia común en base a la música, la cultura, la fiesta o, como es el caso que nos ocupa, el fútbol.

Jóvenes y no tan jóvenes de todo signo ocupaban cada sábado y domingo las gradas sin asientos de estadios abarrotados en los que se combinaban las relaciones tribales con una violencia estructural casi normalizada. Violencia que se hacía extensible fuera del estadio y en las visitas que se podían llegar a hacer fuera del país. Aunque el movimiento de support a equipos de fútbol se podría citar originario de países del sur de Europa, fue primero en Liverpool y luego en otras ciudades británicas donde se sublimó. Pero analicemos lo que nos ocupa aquí: cómo se convierte un tema casi cultural, de filiación dogmática, en una cuestión estética.

La respuesta se da en varias combinaciones temáticas convergentes: la realidad de los hooligans, el desarrollo del mundo del fútbol a nivel europeo y la propia idiosincracia cultural británica.

Respecto a lo primero, un supporter en una grada necesitaba ropa técnica, funcional, que aguantase bien la lluvia y las malas condiciones climatológicas, que fuese cómoda y polivalente para las diferentes situaciones a las que su portador podría tener que enfrentarse (¿peleas? ¿carreras?) y que contuviese un elemento identificador común. Con el tiempo, la estética fue evolucionando adaptándose a las necesidades de pasar desapercibido que estos grupos comenzaron a experimentar por la persecución de las autoridades.

Respecto al segundo punto, conforme avanza el mundo del fútbol, europeizándose y abriéndose a través del desarrollo de las diversas competiciones, los hooligans iban teniendo más y más oportunidades de viajar por diversos países del continente, lo que implicaba que marcas que no estaban disponibles en Reino Unido, o por lo menos no de forma sencilla, podían acabar en sus armarios (y no siempre por métodos legales): Stone Island y C.P. Company, FILA, ellesse, Lacoste, Sergio Tachini…

Y, por último, tenemos el propio gen británico. Combinado por ser un país colonizador que es, a su vez, un crisol de culturas pero con un cierto enfoque social de cuidado al ciudadano, pero con un potente desarrollo económico (merced del proceso de desindustrialización que sufrió) en función del punto geográfico, tenemos clases deprimidas que no aspiran a integrarse en un sistema capitalista, si no a sobrevivir en él de la única forma que les sea posible. Un proceso parecido al que sucedió para la llegada del fenómeno de los Lo-Life; clases populares que buscan la expresión de su yo mediante la utilización de prendas de alta costura.

El resultado final es una mezcla de firmas de moda (Burberry, Armani, Prada, Aquascutum…), con ropa técnica y deportiva (Stone Island, Sergio Tachini, C.P. Company, The North Face…), con pasión por las zapatillas (adidas, Nike…) y un puntito casual.

De las gradas y las calles al mainstream

Pero, ¿en qué momento la estética del hooligan, del rude boy futbolero pasa de las terrace a ser un fenómeno buscado por hipsters de clase media? Podríamos citar varias razones, todas igual de ciertas, todas igual de rebatibles.

En primer lugar, tenemos la especie de atracción animal, al 50 %, y tribal, al otro 50 %, que pueden llegar a despertar este grupo. Nada hay que conecte mejor con nuestro yo homo sapiens que un grupo de hombres violentos, destrozando una ciudad a su paso, al mismo tiempo que se rompen mutuamente la cabeza. Todo esto, acompañado de una uniformidad estética casi universal, que pocas veces encontramos en otros movimientos. No hablamos de cualquier tipo de estilo; hablamos de gente que viste como un estudiante de escuela de Ivy League acompañado de un toque callejero que te indica que, no te confundas por las pintas, estamos ante tipos auténticamente duros.

Esto, por si solo, no es suficiente. Porque una estética por si sola no alcanza niveles mundiales. Pero es que estamos dejando fuera de la ecuación la eclosión que el fútbol tuvo a lo largo de finales de los 80 y durante los 90 y alcanzó su cenit en los 2000. No estamos hablando del viejo y noble deporte del balompié, estamos refiriéndonos a su explosión como auténtica industria millonaria; capaz de triturarlo todo pero también de hacer tragar a cualquiera su mensaje con papilla. O, lo que es lo mismo, no sólo los futbolistas se convirtieron en iconos: también los que poblaban las gradas.

Hay otro componente en la ecuación que es esencial. Le pese a quien le pese (especialmente a los yankis), Reino Unido siempre ha sido el país, seguramente junto a Italia, que más ha actuado como catalizador y prescriptor de tendencias a nivel mundial. Ya sea expandir lo preppy o dar voz a lo chav, los británicos son los auténticos generadores de modas y un movimiento como el hooliganismo, que tiene tanto peso en el fondo como lo formal, no iba a ser ajeno a esta realidad.

¿Pero cómo se puede explicar la re-explotación de la estética casual en la moda? Existen múltiples factores. Por una parte, las garras de las marcas de street (Palace y Supreme pero otras como Patta, por ejemplo) buscando nuevas referencias y encontrándolas en el mundo del fútbol. Por supuesto, la explosión mundial del grime, representada quizás en la cara más visible para el mainstream como es Skepta y prostituida por su compinche, en cierta medida, canadiense Drake, que se ha encargado de lucir Stone Island en eventos como Wimbledon. De repente, para los EEUU el casualismo ha sido cool.

Y, por supuesto, hay una parte que -simplemente- es el puro ciclo de la moda. Los hypebeast, motivados por esto último, acaban echando su ojo a alguna tendencia, en su nacimiento pura, y acaban haciéndola propia prostituyéndola con el tiempo. A este respecto, es oro puro este extracto de la entrevista que Adrian Bianco le hace en su blog a Lebemann:

“How do you feel about the latest terrace trend that brought your subcultural wardrobe into the social media feeds of hype beasts? Or let’s be more specific, how do you feel about cunts like me dragging the badge into the spotlight of an audience that has nothing to do with your scene?”

“It’s a mess. If someone unknown to you wore, for example, a Stoney jacket on a match day or even just on a Tuesday after-work drink or something, he would get knocked out and get rid of his jacket in the aftermath. Nowadays, every sneaker cunt is wearing Stone Island without even having a clue what it used to be all about. But hey, I don’t mind getting a free Stoney jacket from some middle-class hipster cunt from time to time”.

Quizás la clave está ahí, como explica el propio Adrian Bianco. Quizás, simplemente, la llegada de la estética casual al universo streetwear se deba a que sólo somos un montón de flipados estúpidos copiando tendencias que no acabamos de saber bien de dónde vienen, esperando a que alguien nos rompa la nariz para robarnos.

Autor:
Al Sobrino
Fuentes:
How ‘Terracewear’ Went From Football Casuals to Drake’s Wardrobe por Aleks Eror para highsnobiety.com
Lebemann and the Culture of Hooliganism por Adrian Bianco para Biancissimo
Cómo los ultras violentos pusieron de moda la ropa pija por Markus Hofmann para Vice Sports
Casuals: The Story of Terrace Fashion, Phil Thornton
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