La influencia del skate en la moda Vol.2

Publicado por el 30/09/2014 en Artículos
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The Retail Mafia

Uno de los nombres más interesantes de todo este universo es el de Aaron Bondaroff. En el 92, dejaba el instituto para dedicarse, literalmente, a vivir la vida. Protagonizó un robo en Union NYC, una tienda de skate, y dos años más tarde acabaría trabajando en Supreme, otra tienda de skate. ‘A-Rof‘, como también se le conoce, empezó a protagonizar campañas de imagen para la marca, hasta el punto de que cuando viajó a Japón, mercado en el que goza de gran popularidad, la gente le reconocía por la calle.

En otras épocas o movimientos, alguien con inquietudes artísticas las conduciría hacia disciplinas como la pintura, el cine, la literatura…no es así en el caso del skate. Estamos hablando, en muchos casos, de un puñado de chavales que dedican su tiempo libre a estar simplemente por ahí. ¿Y qué les dio por hacer cuando decidieron invertir su tiempo en cosas útiles? En este caso, una marca. En 2001 A-Rod paría aNYthing.

Si hiciésemos un esquema o un timeline de las distintas marcas que componen el universo streetwear, encontraríamos relación con el skate en cada momento. Por ejemplo, en 2002 Undefetead abre sus puertas como una tienda de zapatillas, aunque posteriormente acabaría convirtiéndose en la marca que es hoy en día. Y Eddie Cruz, su fundador, trabajó con Jebbia en Parachute SoHo. El experimento es fácil: piensa en una marca que tenga voz en el estilo urbano de hoy en día e intenta no encontrar ninguna relación con el patín…

El ejemplo de aNYthing es muy ilustrativo para hablar de The Retail Mafia. Con este apelativo, a medio camino entre lo reivindicativo y lo irónico, se engloba una suerte de colectivo del que forman parte no personas, si no marcas. Alife, la ya mencionada aNYthing, The J.Money Collection, Frank151, situationormal y SSUR eran sus miembros. Su filosofía se basaba en puntos en común: ser parte del círculo de NY (preferiblemente de los bajos de Manhattan), nacer de las calles y compartir una filosofía en todo lo que tenía que ver con el componente cultural. La idea de establecerse como colectivo la defendían para compartir conocimiento e inspiración. Y si avanzásemos 14 años en el tiempo veríamos, por ejemplo, como Ruslan Karablin, con SSUR y su ‘COMME des FUCKDOWN’ es ya universal.

Estamos en la década de los 2000 y los chavales ya no quieren ser artistas: quieren ser C.E.O. Por eso es, alrededor de estos años, cuando aparecen actores como HUF. Fundada por Keith Hufnagel, hoy en día es uno de los nombres más destacados de la moda urbana gracias a su print Plant Life: hojas de marihuana que acaparan las gorras 5-panels y los calcetines.

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Marcas que nacen del skate; skaters que crean marcas

El mismo año que en Nueva York se inauguraba Alife, Neversoft y Activision lanzaban ‘Tony Hawk Pro Skater’, el primero volumen de esta célebre saga de videojuegos. Aunque con el paso del tiempo las limitaciones de esta edición son evidentes, la crítica y recepción comercial fue exquisita. ¿La razón? El manejo del juego, su espíritu arcade y la increíble ambientación que te permitía ponerte en la piel de un proskater.

Más allá del primer ollie, más allá del primer flip, de las piscinas vacías en Cali, de todas las portadas de Trasher, de los Sorry, de los X-Games de 1996 y de un largo etcétera, la saga Tony Hawk es, posiblemente, el fenómeno más importante relacionado con el skate en su historia. Es una afirmación muy ambiciosa y se sustenta en un solo argumento: gracias a este juego, el skate pasó de ser un deporte, una filosofía o un movimiento para ser una industria internacional. Los niños ya no querían ser Morientes, Vieri o Nakata (protagonistas de la portada del Fifa 99): querían ser Bob Burnquist, Chad Muska o Jamie Thomas.

Para los ignorantes del patín en aquel entonces, la saga Tony Hawk fue también el medio para conocer todas esas marcas que, no es que naciesen del mundo del skate, es que supuraban skate por los poros. Muchos de los ejemplos nombrados hasta ahora aprovecharon el patín como una lanzadera, pero hay toda una escena de moda que hizo del skate lo que es hoy en día.

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En la década de los 2000, las marcas de skate empiezan a popularizarse en nuestro país y se establece una época dorada en el sentido mercantil. Vestir con Element, DC, Etnies, eS, Volcom, DVS…empieza a ser tendencia entre lo que podemos definir como generaciones jóvenes. La combinación sudadera, camiseta, pantalones baggy y zapatillas deportivas de las mismas marcas es recurrente. Se patine o no, ser skater mola.

Irónicamente, algunas de las marcas más interesantes (y que mejor han sobrevivido estos años) nacidas del skate han sido aquellas que han buscado inspiración en universos ajenos al patín: DGK, DC, KR3W, Supra

DGK es la obra de Stevie Williams (el que en la actualidad es también propietario de Asphalt Yatch Club). Las siglas son el resultado de Dirty Ghetto Kids, y primero fue un apelativo para describir a Williams y sus amigos, luego un slogan y finalmente una marca. Stevie, patrocinado por DC y Chocolate, abandonó esta última para formar su propio proyecto. Con el apoyo de Ken Block y Rob Dyrdek consiguió llegar a Tony Hawk, lo que le permitió introducir DGK en sus videojuegos. Y una vez dado ese paso, la estética y grafismo de DGK, su inspiración hip-hop y su actitud tan propia y personal le ha permitido pasar al colectivo popular por derecho propio: gorras con el lema ‘I LOVE HATERS’ son ya la firma de DGK, e incluso han superado su propia identidad y se han convertido en un icono por derecho propio.

DC es otro de esos casos en que ampliar su ámbito de actuación ha sido crucial. Inconfundible por su logo formado por una D y una C en tipo block letters, su relación con el mundo del motor se establece tanto directamente, ya que Ken Block es uno de sus fundadores, como a través del mecenazgo a pilotos como Travis Pastrana. Ahora no es solo una marca que patrocina skaters, es una marca universal en lo que tiene que ver con deportes extremos. Su nombre está unido al de otros casos como Monster, caso de éxito de cómo convertir material promocional en objeto de deseo. Algo muy similar ha conseguido DC gracias a diversificar su presencia.

Hablar de Angel Cabada es hacerlo de KR3W y Supra. La primera fundada en 2002 y la segunda en 2006, son un claro ejemplo de cómo la moda skater va inclinándose hacia campos como el rap o el lifestyle. La existencia de personajes como Terry Kennedy (el patinador y rapero que fundó el movimiento/marca Fly Society junto a Curren$y) o Steve Aoki han ayudado a globalizar estas dos insignias. Además del logo con la K de KR3W, las Supra Skytop pueden presumir de ser de las pocas zapatillas skate 100 % que le han entrado por el ojo a los sneakerheads

No sólo del baloncesto viven las signature shoes

Estamos acostumbrados a que sean, normalmente, jugadores de baloncesto los que tienen sus propias zapatillas personalizadas. Pero no es exclusivo de las canchas. Los skateparks también fueron el caldo de cultivo para que los responsables de marketing y patrocinio buscasen figuras con las que llegar a los consumidores.

En 1985, Michael Jordan se calzaba las Jordan I y las convertía en ‘The banned’ (las prohibidas) por utilizar colores que no estaban permitidos por la NBA. Un movimiento de mercadotecnia que fue el punto de inflexión para que tengamos la relación actual entre marcas y deportistas. Pero ya en el 88, surge la primera signature shoe (literalmente, zapatillas firmadas) de un skater: las Etnies de Natas Kaupas.

Desde ese momento, empiezan a lanzarse zapatillas dedicadas a patinadores o diseñadas por ellos mismos. No es casual. Después de la tabla, lo primero en que nos fijamos al ver una fotografía en una revista de skate es en el calzado. Además, las compañías supieron matar dos pájaros de un tiro. Por una parte, ofrecían un producto con una imagen acorde a lo que pedía el público y, por otra, una solución técnica adecuada para patinar.

En 1993, Vans decidía que si ya había revolucionado la escena bastante tiempo atrás con modelos como las Vans Era, no iba a dejar que le comiesen la tostada. Por eso presentaba las Vans Half Cab, unidas a Steve Caballero. Para muchos, las mejores zapatillas de skate. Una silueta de media caña y suela vulcanizada son sus señas de identidad. Su inspiración ha sido tal que personalidades como Jerry Hsu no se han despeinado en homenajearlas en sus Emerica.

Dos años más tarde, Jason Lee recibiría sus Airwalk Jason Lee, una zapatilla que se define por la simpleza de sus líneas. Más allá de su nombre en la lengüeta, no encontramos rasgos definitorios de la que es la signature shoe del futuro (por aquel entonces) protagonista de ‘Me llamo Earl’ o ‘Mallrats’.

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Nombra a algún patinador que merezca la pena y seguramente tenga una signature shoe. Pero de entre todos los nombres que podemos rescatar, el más interesante, por la cantidad y calidad de modelos propios, es Eric Koston. En 1997 se presentaban las primeras eS Koston, que supondrían una revolución moderna en el mundo del calzado para patinar por silueta, tecnología y diseño. Hasta seis reediciones tendrían lugar, todas bautizadas como K y un número sucesivo: K1, K2, K3, etc. Cada una de ellas, con una inspiración diferenciada: desde el mundo del baloncesto hasta siluetas más casuals o incluso algunas que nos recordaban a las Nike Dunk. Tras eso, vendría su paso por Lakai, una etapa gris, y finalmente su llegada a Nike.

Autor: Al Sobrino
Continuación Vol.3
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