Post-Soviet: tendiendo puentes entre este y oeste

Publicado por el 06/04/2018 en Artículos

Puede que el término Post-Soviet haya quedado un poco denostado por su omnipresencia desde 2016 en el mundo de la moda y hay quien lo critica, pero es la mejor manera que hemos encontrado los medios de describir a esta generación efervescente de jóvenes creativos que han crecido tras la caída de la Unión Soviética. Y que están agitando el mundo de la moda y el arte con su estética y su forma de ver el mundo.

El 26 de diciembre de 1991 descendió por última vez la bandera de la Unión Soviética del Kremlin. El presidente de la URSS, Mikhail Gorbachev, resignaba entregándole el testigo del poder al primer presidente ruso, Boris Yeltsin. La URSS estaba oficialmente disuelta y Rusia, junto con las demás repúblicas soviéticas, se vieron abandonadas al caos político, económico y cultural.

Los años que siguen al derrumbe del comunismo fueron un tsunami de cultura y consumismo occidental. Tras haber estado aislados de la influencia cultural estadounidense que venía marcando el ritmo en los mundos de la música, la moda, la televisión o el cine e incluso la comida, de repente se vieron expuestos a ello de golpe.

Los jóvenes de Moscú, Kiev o Tiblisi experimentaron por primera vez las hamburguesas de McDonald’s, la Coca-Cola, los Levi’s, las sneakers de Nike o el hip-hop así como todo lo que componía la cultura pop de esa época. Siendo testigos de un mundo casi extraterrestre comparado con en el que habían vivido sus padres.

Este caldo de cultivo ha servido de inspiración y estímulo a una generación entera que, ya en un mundo globalizado, son partícipes de las escenas creativas y artísticas internacionales. Pero aportando de primera mano una visión novedosa de la Europa más oriental.

Gosha Rubchinskiy, Demna Gvasalia o Lotta Volkova crecieron en ese caos, en Moscú, Georgia y Vladivostok respectivamente, y tan solo 25 años después del colapso de la Unión Soviética, son tres de los nombres más influyentes de la moda. Y no es una coincidencia. Son local heroes que están exponiendo su cultura al resto del mundo.

Los occidentales nos hemos visto arrastrados por esta ola proveniente del este que, como la propia Rusia, nos parece al mismo tiempo familiar y exótica. Estos diseñadores han llevado al high-fashion elementos que en principio nos parecen de escaso valor estético, más propio del consumo de masas. Como el faux fur, los vaqueros lavados sin forma, los logos en lugares predominantes de la ropa deportiva de los 90 que todos vimos en las equipaciones de fútbol de los equipos de colegios y barrios; o incluso los de uniformes anodinos de compañías como DHL.

Esta estética es un testimonio fiel de cómo la gente joven se vestía en las calles de Moscú o Kiev. El streetwear es un uniforme que une a la juventud global con connotaciones culturales en cada escena, sustituyendo a la música como el principal medio de expresión personal para la gente joven. Los chavales de la antigua URRS, así como los de occidente, comparten el gusto por las sneakers, las tendencias y quieren expresarse a través de lo que llevan puesto. Pero las economías del este eran inestables, y cuando el rublo colapsó hace años, las marcas occidentales quedaron fuera del alcance para la mayoría de los adolescentes, quienes empezaron a mezclar piezas de streetwear que ya tenían con piezas que encontraban en tiendas de segunda mano o desenterraban de los armarios de sus padres. Creando una mezcla espontánea de estilos, como se ve a menudo en la fotografía de Gosha.

Todos conocemos lo que ocurre en Nueva York, París o Londres, incluso aunque no hayamos estado allí. Moscú en cambio es harina de otro costal. Hoy en día se puede encontrar lo que en cualquier otra capital del mundo: cadenas de retail o comida rápida, el metro o iglesias, pero los menús de las hamburgueserías son indescifrables, las estaciones de metro monumentales y las iglesias de una arquitectura única. Es un choque entre el este y el oeste, y no se parece a nada que se pueda encontrar en América o Europa. Y esto mismo es lo que ocurre en las creaciones de los diseñadores Post-Soviet, ese choque de culturas es lo que nos fascina.

Las colecciones de Gosha no son más que un testimonio de su juventud, y las escenas que le han influenciado mezclado con ese crude intercultural. Sus colaboraciones con Umbro, Kappa, FILA o adidas Fútbol (esta última con motivo del Mundial que se celebrará en Rusia el próximo verano) son un viaje al fútbol y el deporte de los 90, y han resultado un fenómeno tal que ha otorgado de una segunda vida a las tres primeras marcas. Elevándolas a un primer plano de relevancia dentro de las firmas deportivas. Su marca de skate PACCBET (pronunciada rashviet) nace como canal para promocionar la escena local rusa del patín de la que el mismo y algunos de sus amigos forman parte. Y competir de este modo con Supreme en EEUU o Palace en Reino Unido.

La escena rave, por otro lado, ha sido una referencia recurrente tanto en las pasarelas como en el streetwear de los últimos años, pero el diseñador ruso ha conseguido demostrar una conexión emocional e histórica más allá de lo estético. Enlazando a la perfección la esencia de clubes ingleses como The Haçienda con la de las raves del San Petersburgo post-soviético de las que el fue partícipe, en su colaboración con Burberry, indagando en las subculturas urbanas.

La firma británica redujo el uso de sus emblemáticos cuadros a mediados de los 2000, cuando se popularizaron entre los chavs creando una asociación con esta marca que entraba en conflicto con su imagen tradicional. Christopher Bailey, (ya ex) director creativo de Burberry, comentó al ver la colección del diseñador ruso como las diferentes subculturas adaptan y traducen distintos elementos: “Mi abuelo vestía Burberry, a Gosha le intriga, la Reina de Inglaterra lo viste también. ¿Qué es lo que consigue llevar la marca desde subculturas urbanas hasta lo absolutamente formal y lo establecido?”.

Rubchinskiy ha resucitado estos cuadros con destreza, como ya hizo anteriormente con sus colaboraciones con marcas deportivas re-interpretando estéticas noventas, introduciendo caracteres cirílicos y convirtiéndolas en contemporáneas y estilísticamente relevantes, haciendo que encajen a la perfección dentro de su colección.

No hay que olvidar por último, como elemento clave de sus desfiles, la agencia de modelos Lumpen. Que pone cuerpo y cara a los diseños, proponiendo un canon de belleza más crudo y realista, en contraposición a los que estamos acostumbrados a ver normalmente.

Gosha Rubchinskiy ya forma parte de esa élite junto a Supreme, Off-White, etc. Como una de las marcas de streetwear más deseadas del mundo. Demna, por su parte, tras su paso por Maison Martin Margiela y Louis Vuitton, ha roto todos los esquemas convencionales del mundo de las pasarelas con Vetements. Y ha dado una bocanada de aire fresco a Balenciaga, cuestionando lo establecido y convirtiendo la firma en una de las referencias estéticas del momento. Lotta Volkova, de un modo más discreto, es una parte integral de ambas, haciendo estilismo, castings y consultoría para las dos firmas.

Sin lugar a dudas, ha sido esa habilidad de convertir la dicotomía en unidad, de tender puentes entre este y oeste, actualidad y pasado reciente, streetwear y high fashion lo que les ha permitido llegar hasta ahí. Y la verdad que es una buena noticia en un mundo que últimamente tiende a dividirse, que el streetwear elimine fronteras entre los jóvenes de todo el mundo bajo un mismo sentimiento de comunidad a nivel global. Eso es bonito.

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