Charlamos con Mina Hamada

Publicado por el 21/09/2018

El de Mina Hamada es un mundo de ensueño. Artista plástica de referencia dentro del mundo del arte urbano, nacida en Louisiana (EEUU) pero criada en Tokio, y afincada en Barcelona desde finales de 2009; Mina investiga espacios desconocidos de la pintura a partir del subconsciente y de la improvisación, para examinar su propia identidad en referencia a su background.

Licenciada en Diseño e Ilustración, Mina vincula en su obra pictórica su pasión por el dibujo y por la escritura de poemas. El suyo es un trabajo que se caracteriza por un uso de figuras abstractas y orgánicas, que se representan mediante colores cálidos, brillantes y vibrantes sobre fondos monocromáticos. Formas planas y suaves interactúan con armonía y equilibrio, dejando que el ritmo y el color conformen el leitmotiv de su obra.

Artista japonesa, su visión toma como punto de partida la tradición oriental para proyectarse en la cultura occidental contemporánea, una mezcla que se prefigura posible también gracias a la constante e intensa colaboración con el artista argentino Zosen. Así, sola o con su pareja artística, Mina no para de viajar para dar brillo a las calles con sus murales y para realizar sus exhibiciones. Entre un viaje y otro, hemos hablado un poco con ella.

¡Hola Mina! Háblanos un poco de ti.

¡Hola! Soy Mina. Soy de Tokio, Japón, pero vivo en Barcelona desde hace ya casi 9 años. Soy artista visual. Utilizo varias técnicas, y me gusta mucho pintar murales y viajar por todo el mundo.

Tu trabajo encanta por la alegría que desprenden los colores que utilizas. ¿Qué importancia tienen?

Tengo mi propia manera de pintar: la mayoría de las veces pinto lo que me apetece en el momento, improvisando. Muchas veces, los colores salen solos. Durante el proceso de creación siempre hay algún conflicto, y los colores que había puesto me dejan de gustar. Pero la culpa no es suya. A partir de ahí, intento fusionarlos de forma bonita y alegre, para armonizar el resultado final de la obra.

No lo consigo todas las veces, pero mi intención tampoco es realizar la obra perfecta, porque tampoco sé a qué refiere el “ser perfecto”. Está bien incluirlo todo: también lo extraño, y lo que de alguna forma es diferente, es bienvenido a ser parte de mi familia.

¿Qué pretendes transmitir con tu obra?

Espero transmitir algo alegre. De todas formas, me gustaría que mi obra quedara abierta: no busco transmitir un mensaje concreto, sino algo que supere la reflexión para conectar con el sentimiento en su versión más pura y directa. Cada persona puede sentir algo diferente, llegar a una interpretación propia con su propia imaginación. A mí me haría sentir orgullosa que mis obras pudieran ser interpretadas como acompañantes para el mundo imaginario de quien las observe.

Pinturas, ilustraciones, instalaciones, serigrafías, obras murales en gran formato y libros auto-editados. Tus producciones son muchas y muy variadas. ¿Qué prefieres?

Bueno, elegir es difícil. Cada técnica tiene sus retos y sus momentos divertidos. Pero lo de pintar murales es bastante impactante. Lo concibo casi como un deporte o como una prueba de resistencia: cuando trabajo en la calle, en un espacio al aire libre, puedo sentir la naturaleza y las diferentes épocas del año, el calor, el frío, el aire. Ser muralista me permite asentar mis pies en un lugar de la tierra, y sentir con él una conexión fuerte y directa: “estoy aquí”. Es un trabajo duro, pero mientras pueda, quiero seguir haciéndolo.

¿Cuándo elegiste ser artista? ¿Qué es para ti el arte?

Antes de venir a Barcelona, escribía poemas, cuentos y hacía libros a mano, porque, desde pequeña, me gusta leer libros y crear mis propias historias. Pero nunca pensé en ser artista, cuando era niña, escribía de vez en cuando que mi sueño era llegar a ser pintora, pero escribía sobre todo que de mayor quería cuidar animales.

Ahora me sorprende un poco que pueda (sobre)vivir de mi trabajo; es algo que ha llegado después de mucho esfuerzo, pero siempre disfrutando puramente del acto de creación. Todo el mundo puede ser artista: si lo que haces expresa, puedes considerarte artista. Es algo abierto, no hay formas correctas ni incorrectas que deban suponerse arte.

Cuéntanos algo de tu colaboración con Zosen.

Nos conocimos por casualidad en Barcelona. Fue bastante curioso y bastante extraño, lo considero una especie de milagro. Procedemos de culturas muy diferentes, pero a pesar de ello compartimos muchas ideas, sobre todo en lo que se refiere a nuestro espíritu de supervivencia y a nuestros modos de disfrutar la vida. Eso nos permite crear cosas juntos de manera muy natural, que al final es muy importante.

Hay cosas que quizá aún no consigo decirle con palabras, porque desconozco la mejor forma de expresarlas. Pero tampoco creo que haga falta tanto. Hemos compartido muchas experiencias y muchos ratos juntos, sobre todo realizando proyectos artísticos. Siempre hay algo nuevo que descubrir y seguimos disfrutándolo juntos.

Louisiana, Tokio, Barcelona. ¿Cómo han influenciado tus lugares tu evolución personal y artística? 

No tengo recuerdos de Louisiana, el lugar donde nací. Cuando era pequeña, mi familia siempre se estaba mudando; cambiamos muchas veces de ciudad y de casa. Quizá por eso siempre me ha gustado moverme, ir a sitios desconocidos donde no conozco a nadie, ni nadie me conoce a mí. Siendo Japón una isla, para llegar a otros países hay que cruzar el mar. Eso te hace percibir una cierta distancia y todo se trasmuta en aventura. A mí me encantan las aventuras, ¡y así me vine a Europa! Ahora vivo en Barcelona.

Me gusta viajar, me permite conocer culturas diferentes y muchas maneras distintas de vivir (y de sobrevivir). También me encantaría volver a Japón ahora para observar mi país con ojos diferentes: sé que podría descubrir cosas nuevas de las que antes, cuando vivía en Tokio, no me daba cuenta.

No sé exactamente cómo influencian mi creación los lugares en los que he estado, porque todas mis obras salen de mi mundo interior. Supongo que todas mis experiencias personales influyen inconscientemente en mi obra, y, al hacerlo, me hacen sentir que la tierra es esférica y está conectada.

¿Qué es lo que más te gusta de viajar? ¿Y lo que menos?

Gran parte de mis viajes son para hacer proyectos: pintar murales, hacer expos, crear algo…Me gusta mucho porque me permite acercarme a la cultura de cada sitio. Crear algo en un lugar concreto me facilita la comunicación con la gente local. Puedo mirar cómo viven, observar de cerca sus costumbres, lo que comen…Me gusta comunicarme con la gente mientras estoy pintando. Cuando realizo murales, estoy trabajando, sudando, ensuciando mis manos, y me gusta parar a saludar a la gente local, compartir la calle y sus momentos con ellos. Así puedo, de alguna forma, considerarme parte de su comunidad. Aunque sólo sea por un poco.

Lo que menos me gusta de viajar es que no puedo tener plantas en casa. Me gustaría hacer una jungla en mi habitación. Si dejase de viajar tendría una casa con mucho verde y un gato. Pintar muchos cuadros desde mi jungla verde, con un gato en mi regazo, ¡eso sí que es un plan para el futuro!

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