Conversaciones: Flavita Banana

Publicado por el 19/06/2019 en Entrevistas

 

Hay personas que no necesitan presentación. Entre ellas, está Flavita Banana. Viñetista, dibujante, ilustradora y genia de Barcelona, Flavita es una de las humoristas gráficas que mejor voz dan al feminismo de estos años. Muchos ya conocen sus viñetas, que contándote su historia te cuentan la tuya. Muchos ya conocen su humor negro y sus brillantes frases lapidarias, que capturan lo absurdo y lo cómico de la realidad. Muchos ya conocen sus líneas espesas y negras que fluyen en un espacio blanco, y la capacidad de síntesis que define texto y parte gráfico-semiótica de su obra. Gracias a Flavita hemos aprendido a resignificar nuestra percepción de las relaciones, del ser mujeres, de los roles de género, de la sociedad y, en fin, de la política. Porque sus viñetas y ideas son –tal como dice ella– “supositorios”, que se quedan allí, dentro de nuestro cuerpo, para que reflexionemos sobre quiénes somos y lo que va pasando en ese mundo.

Con sus 32 años, Flavita publica semanalmente en El País, colabora con la Revista Mongolia y BCNmes. Ya sacó a la luz tres libros (‘Las cosas del querer’, ‘Archivos Estelares’, ‘Archivos Cósmicos’) y hace poco estuvo en la Feria del Libro de Madrid para firmar copias. Borracha, dice ella. Yo quedé con Flavia hace poco, y entre un par de cervezas (ella) y un agua (yo, no os voy a mentir) hemos hablado un buen rato. Aquí va nuestra conversación.

 

 

¡Hola Flavia! Antes de nada, te pregunto: ¿cuándo empezaste a dibujar?

La pregunta es cuándo paraste tú de dibujar. Dibujamos todos de niños. Yo seguí, tomé la postura pasiva de seguir dibujando. La otra gente asumió la postura activa de parar. Muchas personas en los talleres me dicen que dibujan mal. ¿Que tontería es esa? No se dibuja mal, se mira mal. Yo he dibujado siempre y lo estudié también en la Massana 7 años: 4 Arte y Diseño y 3 Ilustración. Es decir, que dibujo mal pero creo que sé dibujar bien. No dibujo mal, dibujo poco, hago pocos trazos, muy sencillos, quito todo lo que no haga falta. ¿Que con la postura corporal ya se explica todo?, pues quito los ojos, las cejas. Lo mínimo. Que todos vayan vestidos iguales, que todo sea en blanco y negro.

 

También tus textos son bastante sintéticos…

Lo que ocurre con el dibujo es lo mismo que pasa con el texto: menos es más. Cuando empecé a hacer viñetas, las hacía con pluma y tinta. La línea es muy interesante porque es muy fina, pero tiene parones donde se pone ancha. La pluma es muy ágil, se puede mover muy rápido. Me encanta el resultado, pero en la plataforma digital –con la cantidad de imágenes que consumimos visualmente a diario–, un dibujo en el que el gran porcentaje es blanco, con una línea negra muy fina, si estás pasando por Instagram, ni lo ves. Al ponerla más gruesa y usar igualmente tinta, porque es tinta china, te recuerda a la tipografía. Y cuando leemos textos negros escritos sobre blancos somos incapaces de no leerlos, porque leemos por naturaleza. Intenté con los dibujos para que fuera un trazo semejante por grosor del texto, y funciona.

 

 

Entonces, el hecho de que no dibujes en digital, ¿a qué tipo de relación te lleva con tu obra original?

Lo que hace que para mí la obra original tenga un carácter primordial es justamente el hecho que trabajo en papel y con tinta. Tengo obras originales, la vendo en ocasiones, pocas, porque me gusta tenerlas. Lo que vendo más son reproducciones y prints, porque la franja del público que tengo –la gran mayoría tienen entre 18 y 30– no está educada acerca de lo que significa adquirir obra original. Lo que ocurrió las veces que puse a la venta obra original fue que ese tipo de público no entendió en absoluto su precio. Pero básicamente yo tuve una idea, la dibujé, funcionó, se publicó y la matriz de todo eso es ese único dibujo original, hecho a tinta, que pierdo al vender. Cuando adquieres un original, lo que está pagando quien lo adquiere es el hecho de quitárselo al autor. Yo compro bastante originales y ese es el orgullo de tener un original. He de decir que también he probado plataformas digitales, iPads y tabletas. Me han intentado convencer dejándome probar las modalidades más avanzadas en cuanto al tipo de pinceles, y sí, se parece, pero luego está todo en archivo y a mí no me gusta. Me gusta tenerlo todo en papel, y están en casa.

 

¿Y cuánto tardas en realizar una viñeta?

Varía mucho. Hay veces que en un día se me puede ocurrir una idea, el germen, la base, y me la apunto en el móvil. Por ejemplo, en la que acaba de salir en El País, había un tema en general que me obsesionaba: la ilegalización absoluta del aborto en Alabama. Quería hablar de eso mostrando que esa decisión es un error. El otro día paseando el perro de un amigo se me vino la idea a la cabeza, como una aparición divina, la frase “qué va antes, ¿el huevo o la gallina?”, y entonces tenía la frase: en Alabama todavía no saben que la gallina siempre va antes que el huevo. Ya no nos cuestionamos si es un ciclo, porque ya somos conscientes de que si no hay gallinas no hay huevos. Al día siguiente hice dos pruebas. Primero dibujé dos mujeres hablando y una diciendo a la otra esa frase y pensé “qué raro”. Luego dibujé una mujer agachada en el suelo que se lo decía a una gallina. Allí encontré el punto de humor, que la mujer se lo dice a la gallina y la gallina pasa del tema porque a la gallina le dan totalmente igual esas cuestiones humanas absurdas. Hice las dos ideas previas a lápiz y finalmente dibujé una a tinta, la escaneé, limpié con Photoshop, y tardé una hora. Así contabilizo mi trabajo. Desde que supe que quería hablar de ese tema pasé 10 días pensando en la manera de llevarlo al papel. En dibujar tardo un minuto y medio. La gente en general considera mi trabajo ese minuto y medio. No, hubo noches que no salí –algo que me gusta hacer– porque la cabeza me echaba humos de “cómo resuelvo eso, quiero resolverlo bien”. Las ideas están allí, hay que colocarlas. Un día como el que salió esa del huevo y la gallina, es un día de oro de la semana. Un día en el que estoy contentísima. Me siento súper bien, escribo a los amantes, a ver si alguien quiere verme (risas). Vuelve el amor propio, eso que me llena.

 

 

¿Quiénes son tus referentes?

Son casi todos hombres, debido al tipo de viñeta: una sola toma de humor gráfico absurdo que me gusta. Te diría que la media son franceses o belgas. Sempé, Chaval, Bosc, Quino, Forges, El Roto… Si a mí me hubieras dicho hace 15 años –cuando cogía los periódicos y se me caía la baba con Forges o Roto–, que a día de hoy iba a ser compañera del mismo periódico, me hubiera dado un patatús, y empezado la ansiedad mucho más pronto (risas).

 

Tus viñetas suelen relacionarse con lo que se define como humor negro. ¿Qué relación crees que hay entre tristeza y humor?

Son primas (risas). Un poco como un Juego de Tronos, de repente te das cuenta de que son como madre e hija. La tristeza es la madre del humor. Sería como un loop, una lleva siempre a la otra. Si te dedicas a hacer humor de calidad, tienes que dar muchas vueltas a las cosas. Si pasas 10 días con un tema como que se prohiba el aborto en un estado de los Estados Unidos, sacarás una viñeta de humor, un chiste, pero estarás extremadamente triste: tu resultado será la tristeza. Yo creo que hubo un homínido común y, a día de hoy, están los bonobos y estamos nosotros. Uno es el humor y el otro es la tristeza, diferentes pero con un origen común. No sé si el bonobo es el humor y el humano la tristeza. Elige tú.

 

Con más de medio million de followers, se te podría llamar influencer. ¿Cómo lo ves?

La palabra influencer, si la dijéramos en castellano, sería “una persona que influencia a otra”, y eso no suena tan grave. Lo que ocurre cuando utilizamos palabras en inglés es que todos creemos que es más importante. Ser influencer, a día de hoy, creo que es casi un oficio. Le hemos puesto una palabra a gente que trabaja, vive de su estilo de vida y le vende castillos de arena a la gente. O sea, vive de su estilo de vida para que otra gente consuma lo que ellos y ellas promueven, y así ganan dinero. Yo considero que sí influencio a la gente, pero no soy ese modelo de influencer. De hecho no hago publicidad, nadie consume productos por mí; sí hago mis libros, pero no publicidad para marcas. Sí que influencio, pero no, no soy influencer.

 

Pero, ¿qué implica el que tantas personas te sigan? ¿Te hace asumir algún tipo de responsabilidad?

Ha ido cambiando. Ha habido etapas que me ha ido afectando mucho a la hora de crear, y me he cortado yo misma. Me he censurado por el miedo a la respuesta. Ahora estoy en una etapa un poco contraria: asumo la cantidad de la gente que hay. Responsabilidad no la asumo porque la gente ha llegado allí porque ha querido. Ha sido su responsabilidad, no la mía. La responsabilidad la tiene quien ha educado a esas personas para que les afecte de una manera u otra lo que una cuenta de Internet pueda decir. Es verdad que si tengo un día más flojo, más tonto, que todo me molesta, o bien no pongo nada, o lo publico y no miro. Porque si tienes un día un poco tonto, sabemos cómo es: vas a fuego con un solo comentario, que va a tocarte el punto. Alguien que es mal, que sabe lo que te puede doler aunque no te conoce, te puede arruinar bastante.

 

 

Pues me molestaron a mí unos comentarios que te pusieron.

(Risas) Yo intento no sulfurarme, entonces lo que hago es que si he puesto alguna imagen que sé que puede causar bastante drama, le pido a mis amigas que respondan por mí. Que entren y vayan a los peores comentarios y contesten. Intento mantenerme alejada y no responder. No merecen ese tiempo.

 

Tus viñetas siempre han prefigurado tu visión sobre la sociedad. Desde relaciones sentimentales hasta algunas de las últimas, en las que te centras más en temas políticos…

La verdad es que estoy muy contenta con el giro que han dado las cosas. Yo misma hace meses echaba pestes de la política y de la actualidad, e intentaba siempre hacer viñetas sobre las relaciones humanas y así. No sé cómo fue, pero una cosa llevó a la otra, y   el tema político me fue interesando más y más. También llevar un año ya en El País hace que te des cuenta del contexto del periódico, y de que tienes una ventanita donde poder decir más cosas con humor sobre actualidad y política en el sentido general. Me centro más en eso cuando hago viñetas para El País, salvo algunas veces que una idea se me mete en la cabeza –absurda y atemporal– y que no tiene nada que ver. Allí sí que asumo una responsabilidad, ¿ves?. No es una opinión, o un posicionamiento, es un tipo de lenguaje para explicar la actualidad, que es necesario. Es decir, ya existen las noticias en los periódicos, en la tele y en Internet, y hace falta que algunos las contemos con otro lenguaje. La realidad es la misma, son facts, pero lo que haces es contarlas con otro lenguaje. El lenguaje del humor y del dibujo.

 

Realmente, a día de hoy yo también me encuentro más metida en esos temas. Quizás porque nos vamos enfrentando a una radicalización de la política que pretende hacernos volver 100 años atrás…

Sí, exacto, eso sí que ocurre. Es que con esa radicalización de la política –vamos a decirlo claramente–, con la aparición de la extrema derecha, de la misma forma que antes podía hacer humor neutral, o sea me metía contra todo el mundo, sí que es verdad que ahora lo inclino hacia hacer abrir los ojos a la gente. Hacerla consciente de que, en este caso, no es que haya partidos en un plano horizontal, en el que cada uno ocupa un cajón con distintas posturas. Porque el tema es que la extrema derecha no es igual al resto de los partidos. Está en un sistema contra el que lucha, entonces es un traidor dentro del sistema democrático. Es una falacia, un chiste en sí mismo que la ultraderecha se presente en democracia, porque un ambiente en el que la gente piense y opine, no es el ambiente que le gusta. A final votar es opinar. Lo normal de que haya aparecido la extrema derecha es que la gente vote cada vez más, y la gente joven también. Antes lo normal era “como no sale nunca el que me cae bien, lo que hago es no participar”, y también está toda la gente que te dice que para qué participar si está todo arreglado. Mira, deja de ver tantos vídeos  conspiranoides de YouTube sobre alienígenas y pirámides, de que todo está amañado. Hay evidentemente muchos arreglos en muchos ámbitos, pero quiero creer que el sistema de votos europeo todavía es legal. Pero quizás mañana dicen lo contrario y resulta que todo está arreglado, y ahora tengo que callarme la boca (risas).

 

Hablando de nuevo de tus viñetas, la gran mayoría pueden considerarse autobiográficas. Sin embargo, ¿cuál es la “más tuya”?

 

 

 

Esa viñeta me recuerda un poco a un TED talk, en la que se decía que hoy en día es más fácil tener sexo con alguien que ir a tomarse un café y conocerse…

Lo que pasa es que en el mundo virtual, las conversaciones virtuales (hablar por Whatsapp, Instagram y dándonos likes) parece que hayan cubierto la parte de interacción mental y verbal. Entonces cuando las parejas o las personas se gustan y quedan, esa parte ya se ha hecho y ¡puff!, se van directamente a follar, que es lo que nos falta, lo que Internet todavía no ha conseguido… ¡y que tarde! O no (risas). Hay días que pondrías el dedo en un botón y chao. Lo que ocurre es que no se dice suficiente: todos nos hemos diseñado un “yo” por escrito, tenemos una manera de escribir por Internet, unos ciertos emoticonos, ciertos comportamientos que tenemos escribiendo, unos tiempos, unas pausas, una forma de escribir breve o muy larga, un juego que muchas veces no coincide con nuestro “yo” humano y cara a cara. Tinder es el mejor ejemplo, no tengo, pero hablando con bastantes amigas y amigos, me enseñaban “mira lo que me ha dicho ese”, pero yo sobre todo miraba lo que había dicho mi amigo o mi amiga y pensaba “¿qué estás diciendo? tu no eres así, eres una persona divertida, ¿por qué estás aquí sacando todo ese estoicismo y esnobismo?”. Además, en una conversación virtual tú controlas una sola variante, que es el texto, y quizás también los tiempos de la conversación. Cara a cara implica otras variantes que no podemos controlar, que son la velocidad en la que habla una persona, la cadencia, saber parar, mirar y prestar atención. Si conoces alguien online y le dices “Oye, ¿quieres un café mañana?”, la persona va a pensar “¿Qué? No no, déjame mostrar todo mi talento escrito con emojis”. Yo no soy de Internet, soy de tomar un café. Bueno, más una cerveza. Hombre, tomar un café con alguien menudo coñazo (risas).

 

 

Pues recuerdo la noche, hace unos años, en la que nos cruzamos en un bar y me dijiste que por fin habías dejado tu trabajo para dedicarte a lo tuyo…

Sí (risas). Todo el tiempo que yo trabajé por cuenta ajena –en oficina, como camarera, guía turística, azafata e informática sobre todo– estuve súper incomoda e infeliz. A todo el mundo le pasa que cuando se levanta por la mañana dice “Me cago en mi vida, seguiría durmiendo, no quiero ir allí”. Eso también lo tenía. Pero ademas de todo eso, había esa constante incomodidad de pensar “¿Es así todo el tiempo? ¿Es real? No puede ser que sea así de infeliz en el sistema. No puede ser que vaya a ser la vida. No me gusta”. Hablo también de veces que había hecho proyectos por algunas cosas de ilustración por encargos ajenos, y era lo mismo: obedecer horarios, órdenes, gustos y estupidez –dentro mi manera de ver–. Es decir, si yo no veo así las cosas ¿por qué tendría que verlas así?. Y lo que más me desesperaba era ver que el mundo se regía por esperar el viernes, el fin de mes y las vacaciones. “El viernes estoy muy contenta, el lunes estoy muy enfadada. El fin de mes cobro, estoy muy contenta.” Estaba completamente influenciada por el sistema. Cuando abrí la pagina de Facebook y empezó a ir cada vez mejor, hice unos cálculos mentales, ahorré bastante dinero y me dije “¿tú te imaginas si yo pudiera no solo dedicarme a lo mío, no tener jefes que me digan qué hacer, sino que lo mío fuese un estilo concreto en el que me digan: tú haz lo tuyo porque nos gusta lo tuyo?”. Eso fue lo único que me convenció, porque si no, trabajar de ilustrador para las empresas viene a ser lo mismo que trabajar de informática o camarera. Y me dije “Venga va, me lanzo”. Hasta hoy solo ha ido para arriba. Pero con eso no digo que todo el mundo lo tenga que hacer igual. Hubo mucho cálculo antes: de ahorros, proyectos en marcha, tener que reducir gastos, dedicarme solamente a mí, producir un mogollón de viñetas. Pero el primer día que dejé mi empresa, solo sentir eso de decir “soy responsable de mi tiempo, mis fallos, mis aciertos”, eso no lo cambio por nada. Y creo que hay gente que está hecha para ser autónoma, y otra que no, y quien está hecho para ser autónomo no lo sabes porque muchas veces no se motiva la gente a ser autónomo. Por supuesto, deberían cambiar las condiciones, pero me encanta ser autónoma. Yo prefiero lo mío. Caos, caos.

 

 

Antes hablaste de ansiedad. Todos estamos acostumbrado hoy en día a ver en stories, etc. como los usuarios intentan mostrar su “living my best life”. Todavía, en la realidad, ansiedad y depresión son problemas y enfermedades muy comunes, de las que aún no se habla correctamente. ¿Quieres contar tu experiencia personal?

En 2017, mayo, empecé a tener desmayos. Llegaba a un lugar público, sea una radio, una entrevista, una conferencia o incluso algo muy íntimo, y me sentía muy inquieta. Y en el momento de la verdad me desmayaba. Empecé a ir a terapia. Era un cuadro de ansiedad depresiva fuerte, porque se traducía directamente en desmayo, ya no era solo hiperventilar o temblar. Pasó, supongo, porque lo había obviado demasiado tiempo, y el cuerpo me dijo “Mira chata, hasta aquí”. El tema de la depresión se resuelve bastante pronto con las medicaciones. ¡Benditas sean! Porque en esos meses, o me medicaba, o chao, no hay más Flavita Banana, ni Flavia. Pero sí, la ansiedad se extiende más y no quiero pensarla mucho para no invocarla como un demonio. Desde que la tuve solo la gente que la ha tenido pudo entenderme. Es una incomodidad constante mental que llega a ser física. Estés donde estés, no quieres estar allí, y siempre terminas en la cama. Y la cama es la salvación y el infierno porque luego no quieres salir de ella. Todo se parece a una montaña. Tardas horas en decidir hacer la compra, no puedes ni estar con gente súper cercana a ti porque quieres ir a casa ya. Te arruinas porque vas de taxi todo el tiempo por irte ya de los lugares. Eso origina la depresión, porque no entiendes lo que te está pasando. Te odias por ello, no puedes avanzar, ni volver atrás. Estás convencido de que nunca vas a estar como antes, y es verdad, porque si logras salir serás distinta, que es lo que me pasa a mí. Ahora me conozco, evito de ponerme en situaciones que me la pueden generar. Y lo que hago es desesperame porque Internet y la sobreinformación han banalizado mucho el término ansiedad. Hay mucha gente que confunde estar nervioso con la ansiedad. Ahora mismo me da la risa cuando tengo que hacer una conferencia y antes de empezar me siento de una cierta forma, porque pienso “otra vez, otra vez me desmayo” y luego pienso, “no tía es normal, estás nerviosa”.

 

También pasa que se confunda el estar triste, o tener días de bajón, una temporada mala, con el estar deprimido.

Sí, y el tema de la depresión es extremo. Me ha pasado un poco de todo en la vida creo, pero a nadie le deseo la depresión, que tu mayor enemigo seas tú y tu cabeza, y acabar viendo lógicas cosas como el suicidio cuando estás en estas situaciones. Es súper importante la gente a tu alrededor. No podía parar de pensar en gente que estuviera como yo, sin tener nadie cerca. También habría que normalizar mucho las terapias. Siempre pensé que era una absurdez y no, esa gente es muy competente. Como antes era muy marcado lo que teníamos que ser y que hacer –y no había otras opciones–, el mundo se nos tiraba encima y teníamos que seguir avanzando. Ahora tenemos mucha libertad de elección. Elegimos una opción y fallamos en todas las demás. Acerté en ser dibujante, pero fallé en todas las demás. Si antes hubiera tenido que ser secretaria, no hubiera pensado en otra cosa. Ahora, nos cargamos con los fallos. Y lo mismo pasa en la relaciones humanas. Eso no significa que no tenemos que estar con personas diferentes, tenemos que dejarnos de culparnos cuando no funciona.

 

¿Y cómo cambiaron las cosas?

La primera solución para la depresión es decir “no estoy bien”. Si lo dices así, a secas, todo el mundo puede entender lo que estás diciendo. “¿Te parece que todo lo que me ha pasado a mí es fantástico? Pues no, no estoy bien. No es que no me guste. Es que me da igual todo.” Esa es la depresión. La apatía.

Ahora que estoy bien, nunca voy a volver a ser la misma. Las escalas de valores cambian. Primero hay una limpieza muy grande de gente y de cosas. Lo que te importa, te importa, y lo que no te importa, ahora lo sabes. En mi caso me di cuenta de que el éxtasis supremo, lo que más bienestar me da, es cuando se me ocurre una buena idea para una viñeta. O sea, ese bienestar no se comparaba con nada, ni que la persona que has amado toda tu puta vida te diga que te quiere y que quiere estar contigo. Encima, si me dices que es para siempre me agobio (risas). El self-accomplishment, conseguir cosas por ti misma, puede ser una fuente de felicidad para todo el mundo. Solamente hay que encontrar qué te gusta hacer. Que son tartas, pues haces unas putas tartas y estás súper contenta. Cómetela, o invítame. Me gustan las tartas. (Risas)

 

 

Ahora dinos, ¿qué es el feminismo para Flavita Banana (o Flavia)? ¿Y en qué crees que las mujeres tendrían que fijarse a partir de ahora para seguir avanzando y lograr una paridad sexual efectiva?

El feminismo ha existido siempre. Siempre existieron mujeres y hombres que supieron que el tema del género no debería influir en absoluto en las capacidades, logros o derechos. Lo que hay son personas diferentes, que tienen que tener paridad de oportunidades y derechos. Lo que ocurre es que, como con la religión, hay mil versiones y escuelas. Con el feminismo –que no tiene nada a que ver con la religión, porque la religión se basa en inventos y esto son realidades– hay tantas formas de llevarlo a cabo como mujeres en el mundo. Ninguna es incorrecta porque cada mujer es dueña de su vida y de sus decisiones. Lo que sí creo –la base para que las cosas puedan ir mejor y mejor, y que intento promover– es que el enfoque de la atención ya no sean los cuidados, ya no sea cuidar a nuestros padres, maridos o hijos, sino cuidar de nosotras mismas. De allí el boom de mujeres que no quieren ser madres, de las que no quieren casarse o que se van a vivir a la otra parte del mundo para no saber nada de sus padres. Es el mismo camino que tomaron los hombres desde hace ya muchísimo tiempo “No tengo hijos, doy hijos a mi mujer y que ella se ocupe de ellos.” Si los hombres se pudieran embarazar ya tendría yo 5 hijos (risas), porque siempre me he comportado un poco de esa manera. Y esa forma de pensar en uno mismo no tiene nada de malo, siempre que no conlleve hacer algo malo a otra persona. Si yo quiero ocuparme de mi vida, mi trabajo, mis cosas, no le voy a dar un hijo a un hombre. Eso es lo que han hecho los hombres por mucho tiempo, pero de nuevo, es porque los educaron así. No quiero culpar a nadie, sino a la educación. Entonces lo que está ocurriendo bello es que primero tenemos que pensar en nosotras. Sencillamente tenemos que hacer lo que nos pide el cuerpo, y no lo que te han dicho que hagas. Como es bastante nuevo, lo que está pasando es que no sabemos lo que queremos, y es por eso que estamos las que intentamos guiar un poco a las mujeres, darles datos. Yo no voy a dar soluciones, te voy a enseñar una serie de viñetas para que entiendas quizá cómo quieres ser tú.

 

¿Hay alguna pregunta que nunca te hicieron, pero a la que te gustaría contestar?

No es una pregunta, es una serie de temas. Creo que siempre que se pregunta se orienta hacia la postura que se cree que tiene la persona entrevistada. En mi caso nunca me preguntan si me quiero casar, o si quiero tener hijos. Ya ocurrió con un artículo que se publicó, en el que el titular era “Mujeres que han dicho no a casarse y a los hijos para ser libres”. Y fue como “¿Perdona? ¿Quién te ha dicho a ti eso?”. Entonces pensé, “Coño, a mi nadie me pregunta eso”, y como te dije este año, pues como me ocurre a veces –y como creo que le ocurre a más gente– pensé también: “Coño, que yo voy a vivir una vez, a los 80 o 90 me voy a morir y no voy a tener otra oportunidad. Tengo que hacer de todo”. La parte de los hijos, eso tengo dudas porque sé como van las cosas, y también me da un poco algo pensar en tener alguien dentro. Pero luego está el tema del matrimonio, que se puede llevar de muchas formas. Así que el otro día me dije “qué coño, yo me quiero casar, y no una vez, muchas, como Elizabeth Taylor”. Me parece interesante, de la misma forma que te tatúas y dices, “eso sí lo voy a tener en la piel para siempre (y ya lo hice 40 veces en mi cuerpo)”. Si tienes la oportunidad de casarte y luego no va, pues no va, pero habrá que hacerlo ¿no?. Yo no me puedo morir sin haberme casado en mi vida y no saber de lo que estoy hablando. Así que sí, algún día me casaré.

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