Conversaciones: Spok Brillor

Publicado por el 27/02/2019 en Entrevistas

 

Muchas veces cuenta más lo que se percibe, que lo que está. Y por eso, Spok Brillor captura la realidad, la reinventa y la convierte en algo diferente y más fascinante, llevando nuestra mirada a que observe más allá de lo visible, de lo típico y de lo real.

Atmósferas que parecen romper los límites de la gravedad y del espacio; el trabajo de Spok nos apasiona por su autenticidad y originalidad, y por su capacidad de transportarnos con tanta soltura e ironía a mundos de fantasía donde se readaptan diferentes homenajes a la cultura pop y el graffiti. Spok juega con la técnica hiper-realista y los grandes formatos. Contornos, brillos, juegos de luces y sombras, colores saturados y vibrantes se integran perfectamente en su obra y sus piezas.

El artista madrileño reconduce a menudo su trabajo a un diálogo interno en el contexto urbano y a la nostalgia por el graffiti primigenio, reivindicando la influencia adquirida pintando graffiti en los 90 sobre el estilo y los elementos que componen toda su obra actualmente, tanto lienzos como murales de gran tamaño. A pesar de eso, su investigación siempre se ha caracterizado por una continua búsqueda hacia las novedades, y una firme necesidad de experimentar con formas, colores, técnicas, lenguajes, soportes y materiales.

En los últimos años Spok no ha acabado de sorprendernos experimentando con pintura y luces de neón. Cautivado, como todo graffitero, por plasmar su firma por la ciudad, Spok ha empezado a rescatar letras de neones de locales abandonados, articulando, junto a otros elementos, microcosmos de piezas geométricas y planos voladizos, y definiendo así un intercambio con el espacio urbano y la historia de la ciudad.

Spok nació en Madrid, donde reside. Convirtiéndose con el tiempo en una de las principales referencias del arte urbano español, desarrolla y impone su estilo propiamente entre 1994 y 2003, pintando trenes y muros y representando a la crew local TBC. Mientras tanto, se gradua en Bellas Artes. Con una trayectoria de más de 20 años, Spok ganó diferentes premios. Ha estado presente en museos y galerías como TATE Modern, Wynwood Walls, Museo Thyssen, Instituto Cervantes y Somerset House, además de haber colaborado con marcas como adidas y Absolut, sin dejar por ello de viajar por el mundo para pintar murales. Hace poco regresó de Miami, donde ha estado exponiendo en The Urban Art Fair. Nosotros hemos aprovechado para hablar un poco con él.

 

 

Hola Spok. Empezamos por el principio, cuéntanos algo.

Empecé a pintar graffiti con 11 años, en el 89, en aquellos tiempos en los que los niños iban solos por la calle bien pequeños, de manera que dejé de jugar con los clicks y empecé a descubrir un tablero de juego mucho mayor. El graffiti era el mejor juego al que había jugado y me enganchó peor que una droga. Pasé por todas sus fases: desde el bombardeo a las piezas y los trenes, después llegaron los murales y ya, a última hora, los cuadros y la demás parafernalia pseudo-artística.

 

Pues, en relación con el tema del graffiti … a menudo hablas de nostalgia por el graffiti primigenio, ¿a qué te refieres?

Cuando empezamos a pintar no existía casi información, de modo que tenías que esforzarte mucho por aprender y por conseguir fanzines. Se hacían por todos los países, pero llegaban muy de poco en poco, aparte de que los que los tenían eran bastante recelosos de prestarlos, así que rulaban bastantes fotocopias en blanco y negro probablemente de otras fotocopias previas, por lo que la calidad siempre era bastante mala. Era casi un ejercicio mental de abstracción y de ilusión por algo de lo que sólo te podías hacer una idea en tu cabeza. Luego estaba el entramado social alrededor del graffiti, que se fue construyendo a la par que crecías tú. Los 90 fue la génesis, la eclosión, la explosión, todo… El Paso del niño al hombre con todo lo que conlleva. Creo que tuve la mejor de las adolescencias posibles, es muy difícil explicarlo a través de una entrevista, tendría que contarlo todo y sería muy largo!

 

 

¿Y desde entonces qué cambió?

Actualmente el entramado social del graffiti sigue existiendo y sigue afectándome de la misma manera, obviamente sigue en formación y cada vez hay más interrelaciones. Sigo haciendo graffiti a día de hoy porque es la manera que tengo de relacionarme con la mayoría de mis amigos. Configuro en mí una manera de ser que pasa todo por el filtro del graffiti. La diferencia es que ahora es más mi hobby que mi actividad principal, como lo era antes.

 

“Empecé a pintar graffiti con 11 años, en el 89, en aquellos tiempos en los que los niños iban solos por la calle bien pequeños, de manera que dejé de jugar con los clicks y empecé a descubrir un tablero de juego mucho mayor.”

 

También estudiaste Bellas Artes. ¿Cómo influyó el graffiti sobre tus pinturas, y tus estudios académicos sobre el graffiti, si hubo algún intercambio?

Yo estudié Bellas Artes como muleta existencial. Digamos que mi pico de actividad máxima con el graffiti lo desarrollé en los años de la carrera. Era muy fácil aprobar casi sin ir y en casa estaban tranquilos porque estaba haciendo una carrera, así que me volví totalmente loco con el graffiti, prácticamente no hice otra cosa. Era un momento malo para combinar  la carrera con mi impulso creativo de aquel momento porque los profesores de entonces no veían con buenos ojos el graffiti, así que mi paso por Bellas Artes fue completamente inservible. Eso sí, aprobé la carrera curso a curso , que no sé yo ni para qué….

 

 

¿Entonces, cómo conseguiste plasmar tu estilo?

A través de seguir tantos años pintando, al igual que vas creciendo y van cambiando tus necesidades y gustos. Digamos que empecé a formarme justo después de acabar la carrera. Muchos de mis amigos empezaban a plantear tipos de intervención callejera que, teniendo aún este fuerte nexo con el graffiti, empezaban a cambiar el diálogo con el espectador y con las maneras de hacer las cosas. Ejemplo claro es Eltono, con el que coincidí al final de la carrera y ya planteaba cosas que luego se vinieron a llamar “street art”, o Okuda y San Daniel Muñoz , con los que empezamos a participar del nuevo muralismo, que es ya archiconocido por todos. Todos estos años de pintura y debate –porque creo que ha habido más debate casi que pintura si cabe– fueron haciendo el camino evolutivo. Es un work in progress permanente, nunca se acaba.

 

Y la idea de rescatar neones, ¿cómo se te ocurrió?

Todo surgió a través de unas piezas que estaba haciendo en la calle que simulaban algo parecido a neones. A partir de aquí fue un salto casi lógico, a fin de cuentas los neones de locales abandonados en la calle son letras que combinan perfectamente con estas otras letras y con mi estilo en general.

 

 

Por lo general, ¿cómo diriges tu relación artística con el contexto urbano?

Cuando pinto un mural intento generar la idea a través de lo que percibo cuando llego al lugar en cuestión. En los proyectos siempre te piden un boceto previo, y siempre tengo que cambiarlo cuando llego a los lugares. Al menos a mí me gusta que surja de la interacción real con el espacio.

 

“El graffiti nace marcado profundamente por la cultura pop. Por lo tanto, la evolución lógica para un graffitero que no quiere desprenderse de la etiqueta es abrazar las estéticas dominantes que siguen en torno a los mismos temas, especialmente ahora que parece que la máxima de “El arte no imita la vida, es la vida la que imita el arte” está más de actualidad que nunca.”

 

Es cierto que muchas de tus obras se vinculan a escenas nocturnas llenas de brillo…

Siempre he sido una persona nocturna. Al principio atraído por la quietud furtiva de la noche que se prestaba para las actividades ilícitas, más tarde por la influencia que ha tenido en mí la cultura del ocio y la música que nos ha tocado vivir los últimos años. Todo ello, combinado con el graffiti que venía haciendo de antes, hizo casi obligado plantear esta perspectiva de luces imposibles en noches infinitas en la ciudad. Los cuadros que pinto son un diario inconexo y atemporal de la relación que tengo con la calle, a veces a través de la nostalgia por ciertos espacios y otras veces más conceptual, sensorial o simplemente fantástica.

 

 

En ellas también vemos muchos elementos fantásticos e irónicos …

Al final supongo que no soy más que un reflejo de la cultura pop de la que nace el graffiti, sumado a una resiliencia extrema a dar muestras de madurez, pero con un toque de humor irónico para que se vea que no soy totalmente imbécil.

 

“Los cuadros que pinto son un diario inconexo y atemporal de la relación que tengo con la calle, a veces a través de la nostalgia por ciertos espacios y otras veces más conceptual, sensorial o simplemente fantástica.”

 

En particular, ¿cómo te ha ido influenciando la cultura pop?

El graffiti nace marcado profundamente por la cultura pop. Por lo tanto, la evolución lógica para un graffitero que no quiere desprenderse de la etiqueta es abrazar las estéticas dominantes que siguen en torno a los mismos temas, especialmente ahora que parece que la máxima de “El arte no imita la vida, es la vida la que imita el arte” está más de actualidad que nunca. En mi obra, que es completamente auto referencial, imagino que es natural que se replique y vuelva a aparecer una y otra vez, con lo que podría decirse que lo que estoy haciendo ahora es arte meta-pop.

 

 

¿Cuáles son tus referentes?

Internet con su net-art tanto voluntario como accidental. Felipe Pantone con sus revelaciones ultradinámicas sobre la sociedad líquida. SAN con su sabiduría ruralizada, Okuda por enseñarnos que se puede ir siempre a tope, y así uno a uno todos los amigos artistas con los que comparto tiempo!

 

Hace unos meses fuiste a Miami con motivo de la Miami Art Week, ¿qué tal tu experiencia allí?

Miami, especialmente durante la semana de Art Basel –que es la feria de arte de la que toma el nombre, pero ni mucho menos la más interesante– acoge otras 30 ferias de arte más. Aparte de lo que sucede en El Barrio de Wynwood con todo el tema del muralismo y el circo que se monta alrededor de todo esto, colapsa la ciudad de una manera que no he visto en ninguna otra parte del mundo con ninguna otra actividad cultural. Es una experiencia que, si te gusta el arte y no eres de los círculos donde se critica todo ese circo –precisamente por la explosión pop que representa–, tienes que intentar verla y/o participar de ella por lo menos una vez.

 

 

A lo largo de estos 20 años de trayectoria artística, ¿cual han sido tus mejores recuerdos?

Cuando alguien me pregunta por cuál es el mejor año de tu vida suelo responder que los últimos 20. Lo mejor: todos los viajes.

 

Y en 2019, ¿tienes novedades para contarnos?

Eso eso novedades!!!!!

 

Finalmente, ¿algo de lo que te apetecería hablar?

Poco se habla de la decadencia de Occidente y del country japonés.

 

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