Cuando el streetwear lo absorbió todo

Publicado por el 07/12/2018 en Artículos

En la California de los 80, donde emergía una nueva cultura en torno al skate y el surf, empezaron a destacar firmas como Gotcha, Powell Peralta o Stüssy con camisetas de diseños desenfadados, frescos, perfectos con unos jeans o unos khakis. En aquel momento, estos jóvenes estaban perseguidos por las autoridades y lo que hacían como entretenimiento, se consideraba vandalismo.

Shawn Stussy cambió la forma de ver este perfil de prendas, llevando sus creaciones a boutiques y siendo parte del portfolio de distintos retailers, que comprobaron que la calidad y originalidad de los diseños era algo a lo que no había que perder la pista.

Descendientes de una sociedad tremendamente clasista, machista, homófoba y, sobre todo, racista, en la que una mujer con vaqueros era poco menos que digna de escarnio público y en la que un chico de color no podía ir por la calle sin ser registrado por la policía; los americanos veían recelosos cómo se popularizaba esta tendencia con la eclosión de la cultura hip hop y la llegada del universo sneaker a las masas.

Todos recordamos la famosísima ‘My adidas’ de RUN-D.M.C, que se alzó como himno de una generación y como declaración de intenciones ante un país que los censuraba y perseguía. Calzarte unas Superstar a inicios de la década de los 90 te definía.

Prendas oversize bucket hats de Kangol completaban la estética que terminaría de redondear este estilo de evidente influencia callejera, en el que los elementos deportivos, fundamentalmente el tracksuit, eran la seña de identidad de cada vez más jóvenes. El outfit para ir al gimnasio o de barbacoa al campo pasaba a ser apropiado para un uso cotidiano y urbanita.

El transcurrir de la década de los 90 dejaba colores estridentes en el camino y geometrías imposibles en las pasarelas de todo el mundo, recorridas por el quinteto de maniquíes más épico de la historia de la moda: Schiffer, Campbell, Crawford, McPherson y Evangelista.

Iconos como Gianni Versace comandaban una revolución fuera de sus ateliers, y la comunidad rap no tardaba en lucir carísimos outfits con la extravagancia como bandera. El lujo, hasta entonces reservado para las grandes citas y eventos, y casi exclusivo de los caucásicos, irrumpía en clubs de NY y LA como seña de identidad de una comunidad afroamericana que se resistía a seguir siendo pasajera de segunda en aquella boyante sociedad capitalista y de obscena ostentación.

Ver a ídolos como Puff Diddy o Notorious BIG con camisas de Versace, Rolex y gafas de sol de Cartier se normalizó al punto de convertirlos en habituales de los front rows. La influencia de estos artistas venidos de los suburbios era innegable, y cada vez adquirían más protagonismo en la compleja sociedad americana.

La llegada del nuevo milenio fue el punto de inflexión en la forma de entender la moda, y en las formas de consumo de las nuevas generaciones.

En 2002, un por entonces desconocido Kim Jones se graduaba en la prestigiosa Central Saint Martin’s. Previo a esto, su pasión por el streetwear le llevó a formar parte de la International Stussy Tribe, y consiguió un trabajo en la distribuidora de moda urbana Gimme Five, donde, entre otras cosas, se encargaban de desembalar cajas de Supreme. No se podría imaginar en aquel momento las vueltas que daría su carrera, y lo trascendental de su figura en la fusión de dos mundos tradicionalmente antagónicos.

El primero que dio el paso de unir lujo y cultura urbana fue Marc Jacobs en 2001 a los mandos de Louis Vuitton. Su colaboración con el artista del graffiti Stephen Sprouse traía el punk y los colores neón a la maison parisina. En 2008 repetiría colaboración, poco antes de que un cáncer de laringe se llevara al genio del aerosol para siempre.

Entre medias también contó con el carismático Takashi Murakami para el famoso monogram multicolor de 2003, la colección Monogramouflage de 2008, presentada en el Brooklyn Museum, y en 2009 presentaría en Art Basel su colección conjunta de alfombras.

Ese mismo año, el universo Vuitton de Jacobs y el mundo del hip hop unían caminos con la llegada de Kanye West y su cotizada colección de zapatillas. A partir de ahí, la cultura sneaker no volvería a ser igual.

La influencia de Marc Jacobs en el mundo del lujo y el streetwear fue determinante en sus años en LV, y abrió camino a otros grandes creativos como Riccardo Tisci. Durante su etapa en Givenchy, conquistó al mundo del hip hop con su rottweiler y su tiburón, y con el diseño del vestuario en la ya histórica gira de Watch the Throne de 2011, de la que era director creativo un por entonces desconocido Virgil Abloh (con Jay Z y, nuevamente, Kanye West como principales valedores). Posiblemente ese fuera el germen del diseño de tees de lujo que hoy conquista las calles. Posteriormente iniciaría su colaboración con Nike, que aún hoy continúa, y que daría lugar a una serie de siluetas que marcarían una época.

También en 2011, Louis Vuitton y Marc Jacobs separarían sus caminos. Y aquí es donde entra de lleno en escena el británico Kim Jones, eje vertebrador de la nueva era del bautizado como luxury streetwear. Su llegada a la firma parisina suponía un refuerzo del trabajo de su antecesor, potenciando la faceta más desenfadada del tradicional imaginario masculino de Louis V con la llegada de camisetas con printtracksuits y una ambiciosa apuesta por las sneakers, una de las mayores pasiones de Jones, que actualmente colabora con Nike.

En los siete años al frente de la Dirección Artística Masculina de Louis Vuitton, no hubo un momento como el de la ya histórica colaboración con Supreme. El furor que desató esta colección de 2017 provocó que se cancelara el lanzamiento en algunos de los puntos de venta seleccionados por los altercados acontecidos, teniéndose que tomar serias medidas de seguridad para garantizar la entrega de sus compras a los afortunados que pudieron acceder a la colección. Las ansias de poner las piezas en el mercado de reventas enturbió un momento único en la historia de la moda.

En la misma línea, Christopher Bailey, Director Creativo Masculino de Burberry, unía fuerzas con la ahora desaparecida Gosha Rubchinskiy, en una colección de tintes rave y con una fuerte presencia de sus famoso tartán.

Este año se anunciaba la salida de Vuitton de Kim Jones dirección Dior, y llegaba para recoger el testigo ni más ni menos que Virgil Abloh. A su vez, Christopher Bailey dejaba Burberry en manos de Riccardo Tisci y Demna Gvasalia compaginaba Vetements con Balenciaga.

Cuatro de las casas con más tradición en el mundo de la moda capitaneadas por cuatro diseñadores de clara ascendencia urbana. Jones debuta en Dior junto a KAWS, Tisci aterriza en Burberry actualizando el logo, Abloh se adentra en los mundos de Oz en su primera colección, y Gvasalia tiñe sus creaciones de la cultura post-soviética. Quién lo hubiera dicho hace no mucho…

La masificación de la cultura sneaker ha sido el detonante que ha llevado a los consumidores de las firmas de lujo a vestir con aquellas prendas reservadas para ocasiones especiales, en el día a día, favoreciendo la versatilidad de éstas, forzando a dichas casas a poner el foco en el mal llamado calzado deportivo, y así proporcionar a sus clientes el outfit from head to toe. Las Triple S de Balenciaga fueron el más claro ejemplo de esta nueva dirección.

La llegada de Virgil a Louis Vuitton es el broche definitivo a un planteamiento más que realista: el streetwear no existe, porque todo es streetwear.

De alguna forma, todo empezó con Louis Vuitton y Kanye West, y de la misma manera, termina, por el momento, con Louis Vuitton y el pupilo de Kanye West. El abrazo al final de su primer show resume esta historia.

Two kids from Chicago making it into the big table. 

La infame propagación del mercado de reventa, las ansias por tener lo que dicta Instagram cada día y un mercado insaciable han provocado que el precio que antes distanciaba a las prendas de lujo de las de streetwear sea insignificante, y motive a los nuevos consumidores a poner el foco en unas piezas que hasta ahora estaban reservadas para los bolsillos más acaudalados.

Lo que en los 80 nació de unos chicos haciendo camisetas y calzando zapas culmina con otros chicos diseñando camisetas y haciendo historia con las zapas.

Y esto no ha hecho nada más que empezar.

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