Kendrick Lamar: mucho más que unas sneakers

Publicado por el 17/02/2017 en Artículos

¿Cuánto queda del Kendrick Lamar que era un estudiante sobresaliente en Compton? ¿Y del Kendrick Lamar más naíf que rapeaba ‘Michael Jordan‘ junto a ScHoolBoy Q? ¿Y del que ya daba muestras de ser uno de los mejores conscious rappers con su tema ‘A.D.H.D.’? ¿O del que explotó la escena con su verso en ‘Control‘? Queda todo y nada.

Kendrick Lamar siempre se ha sentido cómodo en la dualidad. Es quizás una de las voces que mejor ha descrito el drama millennial. La búsqueda de una identidad, el encaje en el mundo, la presión de grupo…O por lo menos así fue en sus comienzos. Conforme su carrera ha ido avanzando, se ha ido incrementando el componente social y la denuncia. Curiosamente, su música ha sido más protesta cuanto más y más se convertía en una figura mediática. Todo ello sin dejar de tener un pie en las calles y en el rap más de ego.

Lamar es, en definitiva, el personaje capaz de dar a luz un disco como ‘To Pimp a Butterfly‘ y, a la vez, lanzar un diss a toda la comunidad musical mediante su verso en ‘Control‘. Y, a la vez, es la misma persona que se atreve a concebir colaboraciones en forma de sneakers con una marca como Reebok.

La relación del de Compton con la marca no ha podido ser más fructífera. Con ocho trabajos conjuntos (en este post encontraréis el repaso a todas las sneakers que K-Dot ha firmado), todas las zapas de Lamar tienen un poso de su personalidad. En todas ellas ha dejado parte de su esencia, sus miedos, esperanzas…Bien sea apostando por sus siluetas favoritas o lanzando potentes mensajes reivindicativos inspirándose en los Bloods y Crips, con colaboraciones que siempre han sido mucho más que colaboraciones.

Y que una personalidad pública diseñe su propia colaboración no es nuevo. Que lo haga un rapper tampoco. Y que lo haga un rapper con un cierto enfoque social también lo hemos visto. Pero nunca como en este caso. La relación de Lamar con Reebok es fructífera porque los dos se sienten cómodos siendo quienes son, el uno con el otro.

Su último trabajo, las Club C, son posiblemente las que mejor reflejan, a modo de daguerrotipo, lo que ha supuesto la carrera musical y artística del que comenzó a darse a conocer como K-Dot. Con un fuerte componente estético (quitando las primeras Ventilator, son las más llamativas que ha diseñado), en el que destaca el efecto washed del denim de su upper, siguen lanzando un mensaje con conciencia. Eso es Kendrick Lamar, un artista que no olvida lo estético pero lo que te impacta en realidad es su fondo. Si tuviésemos que elegir una referencia de su discografía que representase estas Club C, no podríamos. Tendríamos que hacer uso de todas sus referencias.

El disco que, sin duda, supuso un punto de inflexión en la carrera de Kendrick fue ‘good kid, m.A.A.d city‘. Un LP en el que el rapper nos guía por su Compton natal y en el que le acompañamos en esa lucha entre lo exterior (la ciudad que actúa como un vórtice negro) y las buenas intenciones del narrador que se quedan en eso. Esta dualidad, de la que hemos hablado a lo largo del artículo, tiene su mejor reflejo en la dualidad entre los Bloods y los Crips, que también se deja ver en este disco. Y es esa misma rivalidad la que hemos visto en algunas de sus colaboraciones con Reebok, como las Classic Leather Blue/Red. Curiosamente, el diseño refleja muy bien esta realidad social. Dos entes diferentes, enfrentados, pero que en realidad se necesitan el uno al otro. Nunca una sneaker lanzó un mensaje tan potente.

Y es ése, sin duda, el arma más potente de K-Dot. Que con elementos aparentemente banales, como son unas zapatillas o una canción, es capaz de lanzar un mensaje tan potente que cambie el mundo. Es por eso que sus zapatillas, y en concreto sus Club C, no son solo zapatillas. Es mucho más.

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