La redefinición de la belleza en los tiempos de Instagram

Publicado por el 18/03/2019

 

Cada época tiene sus principios, elementos que configuran lo normativo y rediseñan nuestros cuerpos y creencias. Ya en las últimas décadas, con el impacto de Internet y las nuevas tecnologías, la industria de la moda aceptó y desarrolló nuevos elementos estéticos que redefinían los conceptos de hombre y mujer. Así, actualmente, las firmas han apostado por mundos donde el género y la etnia toman nuevas consideraciones y se amplían con lo tecnológico. El cuerpo se convierte en una nueva herramienta, una nueva forma de expresarnos que nos hace más libres.

Ejemplos ya arcaicos de estas nuevas expresiones, podemos encontrarlos en el fenómeno Y2K, donde se introdujo una nueva estética respecto al cuerpo atravesado por la cultura cibernética. Alexander McQueen constituye un gran ejemplo en esta línea, con colaboraciones como las de Givenchy en la AW99. La estética cyborg supuso un gran cambio en la idea de lo femenino y lo masculino: apareció la moda de la andrógino.

Junto a estas renovaciones, el cambio de vida frenético que Internet y sus dispositivos han provocado, los modos de relacionarnos con el mundo pasaron de ser distópicos e imaginativos a efectuarse, de algún modo, en la realidad. Estos fenónemos deben conjugarse junto con las importantes luchas identitarias caractéristicas de nuestro tiempo. El auge del feminismo y las diferentes teorías del cuerpo y del género han reconfigurado nuestra manera de decirnos ante los demás.

A su vez, las manifestaciones artísticas se ha democratizado cada vez más debido a la aparición de blogs y redes sociales, entre las que Instagram supone una nueva vía de comunicación y de comprensión del mundo. El arte se vuelve más cercano: cualquier persona puede subir su contenido, al que la gente podrá acceder sin ningún tipo de restricción.

Por este motivo, la industria de la moda, tan influyente en nuestra cultura, sufre una nueva apertura, en la que los modelos a seguir, las referencias e influencias no vienen determinadas por las grandes firmas, sino que se dan relaciones entre el los diseñadores y los consumidores, teniendo estos últimos un papel creador. Esto, junto a las nuevas consideraciones sobre el maquillaje, el hecho de que no se reduzca a la ocultación de lo que nos han mostrado como errores o desperfectos –vemos muchos desfiles en los que los diseñadores han apostado por looks muy naturales–, provoca un juego en la identidad y nuestra expresión cada vez más importante.

El futuro es diverso: el papel de la mujer se vuelve dinámico, sin restricción alguna. Son ya varias firmas las que colaboran con esta nueva generación de artistas. Gran ejemplo sería el de @lilmiquela, la modelo e influencer que se autodefine como inteligencia artificial y que colaboró con Prada en la Semana de la Moda de Milán del verano del 2018.

 

 

Es considerable también la importancia de filtros de belleza virtuales como el viral Beauty3000, de la artista @johwska, que también ha colaborado en el reciente desfile de Louis Vuitton creando un maquillaje solo perceptible mediante el flash de nuestros móviles, evocando su afamado trabajo de Instagram.

 

 

La estética se vuelve difusa, lo natural y cibernético se entremezclan, los límites se dispersan. El nuevo juego de las máscaras nos permiten diversificar nuestros gustos y no reducirnos a una sola realidad. Las influencers y artistas más radicales y estrambóticas también juegan un papel muy importante.

Una de ella, @matieresfecales rediseñará el cuerpo humano en todo su conjunto, llevándonos a los límites de lo bello y lo desagradable. Siguiendo también esta corriente, nos encontramos con otra instagramer: @salvjiia, que con el uso de prótesis modifica sus facciones faciales.

 

 

En definitiva, en todos estos ejemplos, el nuevo camino de la industria de la moda nos invita a redescubrirnos, a jugar con los elementos que tenemos a mano y a no dar por sentado nada. Nuestra propia percepción y el modo de presentarnos a los demás no se pueden separar ya de lo artístico. La belleza, entonces, ya no es una, sino que debemos concebirla como una multiplicidad de ideas de las que partir para buscar nuevas expresiones y nuevas formas de comunicarnos con los demás mediante stories, realidad virtual y nuevas tecnologías: el arte y el cuerpo se vuelven la misma cosa.

Texto: Elena Carbajal

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