Libra es hoy

Publicado por el 08/03/2019

 

Me acerqué al feminismo no hace mucho, más o menos hace unos seis o siete años. Tenía dudas, no conocía muchos argumentos, en algunas opiniones estaba de acuerdo y en otras no, así que comencé a leer. Empecé una pequeña biblioteca sobre literatura feminista que me ha hecho reír, llorar, enfadarme, discrepar y reflexionar. También me ha hecho valiente para defenderme y no callar ante determinadas situaciones. Las conversaciones, las reivindicaciones, la visibilidad y la conciencia sobre la desigualdad está surgiendo, se está asentando y siento que a cada paso que damos, por muy pequeño que sea, nos acerca cada vez más a lo que deseamos. La sororidad es real y no se puede explicar la sensación que sientes cuando miras a otra mujer y estableces un vínculo con ella, te conviertes en cómplice, en amiga y en apoyo. Imagina sentir eso con cientos de miles de personas. No puedo esperar a pisar Gran Vía otro año más. Lucía Medín.

 

No tenía muy claro qué era el feminismo hasta que me mudé a Madrid y conocí a gente relacionada con algunos colectivos. Desde ese momento, y después de acudir a varias manifestaciones, caí en la cuenta de que tenía un gran referente en casa: mi abuela Lola. Empezó a trabajar con 5 años, era hija de madre soltera, no la aceptaron en ningún colegio porque estaba mal visto, así que se fue a trabajar al campo. No tenía tiempo de hablar con chicos, tenía que cuidar de sus sobrinos y su madre. Se casó con mi abuelo con 27 años; una solterona para su época. Cuando tuvo a mi padre dejó la cooperativa en la que estaba para ahorrar y poder enviarlo a la universidad. Luego nací yo, vendió parte de la granja y se dedicó a cuidarme. Hace ocho años mi abuelo sufrió un ictus, puede hacer vida normal pero necesita ayuda en muchos momentos. Así 85 años en los que todos hemos hecho nuestra vida y ella vivió la nuestra. Me manifiesto por todo lo que ella representa para mí. Sara Rojo.

 

Hay pocas cosas que me llenen tanto de orgullo como pensar en todas las mujeres que durante los últimos 50 años han luchado para que hayamos pasado de la desesperanza total a la paulatina conquista de la igualdad de derechos. Porque muchas de nosotras hemos crecido «amparadas» por leyes que despenalizan el divorcio, el aborto o los anticonceptivos o que condenan la violencia de género, pero se trata de hitos luchados y ganados con sangre, sudor y lágrimas a manos de las nuestras. Y todavía queda demasiado por conseguir.
Por mi profunda admiración y mi total agradecimiento por habernos hecho conscientes, determinadas y fuertes; por comprender las dificultades a las que nos enfrentamos día a día, desde lo personal a lo profesional, y hacernos ver que no estamos solas; por no cansaros de repetir a los que no lo comprenden que nuestra lucha no puede ser caricaturizada como una guerra de sexos; por inspirarme a diario, porque el feminismo se aprende de la vida; por todas aquellas que no podéis manifestaros o revelaros pero estáis con nosotras. Por todo ello –y mucho más– soy feminista. Gracias por convertirnos en la mayor fuerza revolucionaria del siglo. Nelya Ihoshyna.

 

Crecí en una familia progresista. No tengo experiencia de patriarcado (suerte), a lo mejor en mi familia regía el abuela-arcado (jeje). Mi madre, feminista, en los 70 luchó, entre varias cosas, por el derecho al divorcio, y sin embargo lleva junto con mi padre casi 50 años. Jamás vi a mi padre faltarle al respeto. Eso me enseñaron mis padres: amor y respecto, y que para ser feminista, no hace falta ser mujer. Eso pueden hacerlo solamente los hombres “fuertes», porque en la base del machismo está el miedo de los hombres a las mujeres. Es algo que las campañas tendrían que decir más a menudo: no solo cómo de fuertes somos juntas, sino cómo son de débiles, tristes, ignorantes y arcaicos «ellos». Al crecer, mis amigos –en su mayoría– han sido siempre chicos, y me han ido enseñando mucho. Sobre todo que más allá de las manis, camis, hashtags y posts, hay algo que es el día día. Y ese es el terreno en el que cada una de nosotras tendría que reivindicar sus derechos. Sobre todo en España, donde tristemente me he dado cuenta que el machismo es muchísimo más presente que en Italia, a pesar de los problemas comunes a todos los países, como el techo de cristal y la diferencia de sueldo entre géneros.
Si te molestan, hazte valiente en el mismo instante. No aceptes menos de lo que quieres. Nunca aceptes violencia aunque sea verbal, porque la violencia es violencia, y no tiene justificación. No hay que construir una sociedad que nos apoye «luego», sino una sociedad que no permita que ciertas cosas pasen. Chicas y chicos juntos, con amor y respecto. Sandy Fiocchetti.

 

Siempre tengo muchos problemas a la hora de hablar de feminismo. A lo mejor os ha pasado u os está pasando a vosotras.
Creo férreamente en la igualdad de géneros y en la idea de que en ningún caso importa el género que te haya tocado. Por eso, hay ideas venidas del feminismo con las que nunca me he sentido identificada. No creo que tenga que pensar, sentir o actuar de una manera en concreto porque al nacer me tocara ser mujer. Tampoco creo que a quien le haya tocado ser hombre tenga que hacerlo.
Es momento de avanzar hacia un reclamo del no-sexismo o anti sexismo y el término importa.
No me enorgullezco de ser mujer como tampoco me enorgullecería de ser hombre. No hay nada de qué enorgullecerse en ello. Y con esa actitud es con la que todos los días hago una lucha efectiva, real y constante por la igualdad de todos nosotros, nosotras y todo lo que se tenga que sumar a esa ecuación de la cosa llamada género. Laura Casado.

 

No hace tanto que éramos tratadas como delicadas flores, simples cuidadoras ó brujas malhumoradas. Hemos asumido muchos roles. Yo hoy también lo hago aunque haya gente que lo llame «usar mis armas de mujer». Es difícil no hacerlo cuando ya ves «cómo funcionan las cosas y no quieres complicarte la vida».
En solo tres generaciones, de mi abuela a la mía, somos infinitamente más libres, más independientes, con más recursos, pero no. Falta, falta libertad física, sexual, reproductiva. Falta igualdad, falta paz, falta seguridad, falta eduación. A veces me parece estúpido que todavía sigamos así y no entiendo bien por qué. Y entonces bajo a la calle, salgo de fiesta ó enciendo la tele un rato y me acuerdo. No daremos ni un paso atrás. Irene Celda.

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