Top 10 2018 – Roberto Ruiz (RRoverdose)

Publicado por el 02/01/2019 en Top

Top 10 del 2018 para Roberto Ruiz, a.k.a RRoverdose:

 

1. Hedi Slimane x Celine.

Una boda en El Amante. La novia viste de luto, con una minifalda que recuerda lo peligrosas que son unas piernas bonitas en la última fila de un cine vacío. Cuando corta la tarta, se retira con suavidad el tocado de rejilla para lamer el cuchillo. Una muestra irresistible de malicia. Un suspiro.

Hay flores negras por todos lados y olor a rosas de cementerio. Los invitados llegan tarde con cara de pocos amigos y entran en los baños de dos en dos. No han pisado una tienda de frutas en su vida. “Perdóname, padre, he pecado”, entonan al unísono mientras suena una música injuriosa. Un baile de sombras en la oscuridad. La noche no tiene fondo.

— Gracias, mochi, por la postal que me enviaste desde París vestida de Celine.

 

2. CCP LÁTIGO.

Los domingos hay tiroteo al amanecer. Disparos en la niebla de Montecarmelo, una colina de asfalto que besa el cielo agrietado. El aire muerde despiadado. Con el 9 tatuado en la espalda, me acerco al segundo palo como un sicario que espera la llamada. Todo ocurre en centímetros, no se necesita más para cavar una tumba. Si pestañeas, te mato. No he venido aquí a estas horas para hacer amigos. El castigo de los débiles.

— Gracias, Pablo y Nacho, por volver a ilusionarme jugando al fútbol.

 

3. David Locco.

Un destello. La importancia de lo que no se ve. El alma. La comunión entre la forma y el fondo. La moda al servicio del planeta. El cielo puede brillar más. La primera firma mundial de diamantes ecológicos certificados por el Instituto Gematológico Internacional.

— Gracias, Jonathan González, por confiar en mí como Embajador y Director Creativo de este bonito proyecto.

 

4. Sitges Film Festival.

Gente por el paseo marítimo con una tarrina de helado hablando sobre la peli que ha visto. Maratones de tres largometrajes que empiezan a la una de la madrugada y, tras seis horas de ficción envuelta por la oscuridad, al salir ves el mar al amanecer.

— Gracias, ME Sitges, por esos días de enriquecimiento y descanso. Y gracias, Ángel, por arrancar las historias de las paredes.

 

5. Amsterdam.

Las luces resbalando en el agua. Un neón oxidado hablando sobre amor. Una mujer rota en pedazos camino de romperse en pedazos más pequeños. El sonido de los tacones golpeando un suelo de piedra. “Quiero que mi madre me suba la cremallera del abrigo”. Una cifra como nombre. Una condena escondida tras el cortinaje rojo.

— Gracias, Pvspeak, por enseñarme la ciudad del pecado.

 

6. Milano.

Una calle de piedras por las que pasea un tranvía de madera barnizada, tan encantador como un viejo juguete de cuerda, que se abre paso entre árboles tristes hasta el cartel de neón que ofrece pizza bajo la niebla.

— Gracias, Pau y Pablo, por la oportunidad de volver a un lugar en el que fui feliz.

 

7. Feria de Sevilla.

La alegría desbordante. La vida como un acontecimiento excesivo. El rebujito y los lunares. Un paseo por un laberinto de callejones que desemboca en una plaza de naranjos donde una gitana espera junto a la fuente. “Con los ojos llenos de estrellas, la niña mira al chaval, porque le ha dicho palabras que el tiempo no ha de borrar”.

— Gracias, Guille, Carlos, Pedro y Rosa, por acogerme en vuestra caseta como uno más de la familia. Y gracias, Miguel, por hacer que me sienta como en casa cada vez que visito Sevilla.

 

8. Cadillac Deville 1968.

El sol del Este rebotando en sus líneas rectas. El brillo del color champagne centelleando junto al mar. El rugido que levanta los mitos de los caminos maltratados por el polvo. “Los coches de hoy en día parecen todos maquinillas de afeitar”. Escapar en un Cadillac de 1968 con un traje blanco.

— Gracias, Adrián y Duarte Madrid, por esa imagen.

 

9. París.

Toda su vida le había llevado a ese instante. En los surcos de su cara se notaba que nunca había sido joven. Ella esperaba sonriendo de la forma que sólo pueden las mujeres enamoradas. Tan lejos y cerca como diciembre y enero. Le tendió la mano, con el tiempo perdido atado a las muñecas. Pero los relojes sólo miden otros relojes. Te dije que volveríamos a vernos.

— Gracias a El Pablo, por ser un gran compañero de viaje.

 

10. 2019.

Este año ha sido un sueño repleto de sueños. Duró lo que un perfume. Pero, siempre, lo mejor está por venir. Lo has conseguido, ahora tienes que hacerlo diez mil veces más. Así que lo mejor del 2018 es que precede al 2019. El alma entusiasmada como una tribu de palomas.

— Gracias a mi mánager, África, porque ya hay tres sueños que formarán parte del sueño de 2019. También al equipo de Dior; Silvye, Greta, Marta y Daniel, por hacer posible el primero que se cumplirá junto a Ángel, Eneko, Patricia, Ádrián y Pablo.

 

 

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